Enfermedad inflamatoria intestinal en perros: IBD

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La enfermedad inflamatoria intestinal, o IBD, por desgracia está presente en muchos perros y gatos en la actualidad. Afecta al aparato digestivo, provocando problemas como vómitos y diarrea, y sobre todo una excesiva pérdida de peso. Aunque hay muchos estudios y diversos tratamientos, hay muchos animales en los que no hacen efecto. Esto significa que esta enfermedad no siempre es curable, a pesar de lo común que es.

Además, es una enfermedad degenerativa, por lo que el afectado irá empeorando cada vez más, llegando a tener incluso dificultades para absorber los nutrientes de la comida que ingiere. Esto no significa que no haya que tener esperanza, pues también son muchos los que la consiguen superar con el tratamiento adecuado. Para ello, será imprescindible contactar con un veterinario, y que sea él quien determine la manera de actuar. Diagnosticar a un perro en casa sin los conocimientos necesarios puede llegar a ser algo muy perjudicial.

¿En qué consiste la IBD y cuáles son los síntomas?

La enfermedad inflamatoria intestinal no es algo exclusivo de los perros, pues también la pueden tener gatos, o incluso humanos. Es una inflamación que afecta a las paredes del intestino o al tubo digestivo, y puede acabar ocasionando importantes problemas de salud. La principal consecuencia de la IBD (siglas de Inflammatory bowel disease en inglés) es que no se absorberán correctamente los nutrientes, lo que se conoce como síndrome de la mala absorción. Como es de suponer, esto provocará que el perro acabe perdiendo demasiado peso, pudiendo incluso llegar a un estado de delgadez extrema, algo que puede ser perjudicial.

No todos los perros tendrán los mismos síntomas, pues dependerá en gran medida de cuál sea la parte exacta del aparato digestivo que esté inflamada. Sin embargo, algunos de los síntomas comunes son vómitos, úlceras, diarrea, pérdida de peso, pérdida de apetito, debilidad y dolor abdominal. La diarrea y vómitos estarán presentes sobre todo cuando la enfermedad esté muy avanzada.

¿Cómo se puede contraer?

Todavía no se ha descubierto cuál es exactamente el origen de la enfermedad inflamatoria intestinal. Lo que está claro es que no es una enfermedad que se contagie por un virus o una bacteria, lo que demuestra que un perro que la posea no contagiará a uno sano. Aunque no se sepa con certeza, se sospecha que hay una serie de formas en las que un perro puede contraer esta enfermedad.

Formas de contraer la IBD

Debido a una alimentación de mala calidad. Es evidente que si un perro no come alimentos de una buena calidad, el aparato digestivo acabará perjudicado. Una mala alimentación puede desembocar en graves problemas muy perjudiciales para la salud del perro. Desgraciadamente, muchos de ellos son además irreversibles.

Debido a una ingesta continuada de toxinas. Esto demuestra una vez más la importancia de controlar qué es lo que come el perro, y eliminar todos los alimentos malos de su dieta. También habrá que controlar determinados juguetes que puedan hacer que el perro ingiera toxinas continuamente, e incluso su comedero y bebedero.

Debido a una respuesta autoinmune. El organismo del perro puede sentir falsamente que hay algún patógeno extraño atacando el aparato digestivo, y actúa en consecuencia. Es una mala respuesta del sistema inmunitario que puede llegar a ser muy dañina para el perro.

Debido a una alergia. Aunque las alergias son fáciles de diagnosticar, pues presentan síntomas muy concretos, también pueden acabar ocasionando la enfermedad inflamatoria intestinal en perros.

De manera genética. Hay perros que pueden desarrollarla únicamente porque está en sus genes, sin que tenga nada que ver con otra posible causa.

Síntoma de otra enfermedad. La IBD puede ser una señal de que el perro posee una enfermedad aún más grave, que a su vez es la que la ha acabado provocando.

La importancia de una buena comida

Queda demostrado que para evitar la IBD hay que prestar una especial atención a la comida que ingiere el perro. Al igual que la de los humanos, debe ser de una buena calidad, y no elegir un tipo de comida simplemente porque sea la más barata que se ha encontrado. Además, aunque no lo parezca, hay marcas importantes implantadas en el mercado que no venden una comida para perros de tan buena calidad como quieren hacer creer. Lo importante es mirar la composición, y no dejarse influir simplemente por la marca o el precio. De hecho, es posible que una marca menos conocida, y que tenga un precio no muy elevado, sea la que tenga una mejor composición. Por supuesto, tanto el bebedero como el comedero de los perros también tiene que ser de buena calidad. Al igual que nosotros no usamos como plato cualquier cosa, ellos tampoco deben hacerlo.

Tratamiento

Como la enfermedad inflamatoria intestinal afecta al aparato digestivo, el tratamiento debe hacerse mediante fármacos y dieta. Sin embargo, será el veterinario el que examine cada caso en particular, y el que aconseje cuál será el tratamiento concreto más adecuado. No todos los perros que tengan IBD tendrán que seguir la misma dieta, y por supuesto no todos tendrán que tomar exactamente los mismos fármacos durante el mismo tiempo. Como cada perro es un mundo, lo mejor es que un especialista sea quien determine cómo llevar cada caso.

Cómo debe ser la dieta

Por lo general, el perro debe empezar a comer alimentos bajos en grasa, y también que posean proteínas fáciles de digerir, aunque no en gran cantidad. Por supuesto, hay que eliminar por completo todos los alimentos de mala calidad, así como los tóxicos, para evitar agravar la enfermedad. La buena calidad de los alimentos acabará beneficiando al perro desde el primer día. Muchos de los piensos existentes en el mercado tienen una dudosa composición, por lo que en estos casos es recomendable alimentar al perro con una dieta que sea completamente natural, como la dieta BARF.

Cómo será el tratamiento farmacológico

Aunque no será igual en todos los perros, normalmente los fármacos que se usan son los mismos. Se suele usar Prednisona (corticoides), que se usa en dosis antiinflamatorias y Metronidazol, que se usa como antibacteriano y antiparasitario. Si este tratamiento no tiene los efectos deseados en el perro, se puede usar Azatioprina, que actúa como corticoide pero sin efectos secundarios.

En términos generales, lo esencial es mezclar una buena dieta con el tratamiento médico adecuado. La dieta será básicamente baja en grasa y fibra, y mejor si es completamente natural. Aunque el tratamiento normal sea a base de Prednisona y Metronidazol, o de Azatioprina, será el veterinario el que considere cuál es el más adecuado, pudiendo sugerir medicamentos diferentes a estos tres mencionados.

Prevención

Aunque la enfermedad en sí no se puede prevenir, sí se pueden adoptar una serie de medidas para reducir el riesgo de contraerla. Será imprescindible que el tracto intestinal del perro esté sano, por lo que nunca debe alimentarse con comida de mala calidad, y por supuesto nunca debe ingerir productos tóxicos. Aunque parece algo muy evidente, objetos normales como el comedero de un perro o algún juguete pueden desprender toxinas que llegan a ser dañinas.

Además, la dieta será más sana cuanto más natural, siendo recomendable evitar que el perro coma exclusivamente alimentos ya procesados. El perro nunca debe comer demasiada grasa, ni tampoco demasiada fibra, pues esto puede repercutir en la salud de su aparato digestivo.

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